El fraude de pescado en los fogones europeos es una realidad alarmante. Por ejemplo, una de cada tres especies de peces servidas en restaurantes en Bruselas no son lo que parecen, revela Lasse Gustavsson, director de Oceana Europa.

Esta impactante y triste realidad fue revelada por Oceana en 2015 mediante la prueba de pescado de más de 150 restaurantes, incluyendo las cocinas de la Comisión Europea y el Parlamento. Las especies caras, como el bacalao, el lenguado o el atún rojo, son muy a menudo sustituidas por otras hasta un 40 por ciento más baratas en el mercado, como el atún aleta amarilla o Pangasius, este último cultivado en el sudeste asiático. Este ‘fraude de pescado’ causó un escándalo en los círculos de la UE, sobre todo porque el problema del pescado mal etiquetado también se encontraba en los restaurantes de las instituciones de la UE, donde los tomadores de decisiones comen diariamente.

Esto plantea preguntas legítimas sobre la transparencia y la trazabilidad de los productos del mar que los europeos comen en los restaurantes. Lo que es más importante, socava los objetivos de sostenibilidad de la Política Pesquera Común (PPC) de la UE, ya que está estrechamente vinculado a la infravaloración de la explotación de especies. El etiquetado erróneo de los pescados obstaculiza la elección de los consumidores, amenaza sus billeteras y potencialmente su salud, facilitando al mismo tiempo el acceso a los peces ilegales que entran en el mercado de la UE, incluidas algunas amenazadas. Se estima que hoy en día más del 65 por ciento del pescado consumido en Europa es importado.

oceana-barco
© OCEANA Soledad Esnaola

El fraude es un problema global. Ha sido estudiado y encontrado en todo el planeta. A nivel mundial, se estima que el porcentaje de pescado mal etiquetado asciende a alrededor del 30 por ciento. Estudios recientes llevados a cabo en la Unión Europea han mostrado niveles más bajos de sustituciones de especies, principalmente en grandes superficies, mercados tradicionales y pescaderías. Sin embargo, los restaurantes son el eslabón más débil de la rastreabilidad de los peces, en gran parte porque es un sector muy disperso, propenso a reglas de etiquetado más débiles, pero también debido a controles limitados y de dudosa aplicación. Por consiguiente, los incidentes de etiquetado se encuentran mucho más frecuentemente en restaurantes, a menudo sirviendo pescado procesado e irreconocible, en comparación con supermercados y minoristas donde se vende como un todo.

Los estudios realizados en restaurantes europeos encontraron etiquetado erróneo en el 50% de los lenguados que se servían en Alemania, el 86% en Irlanda, el 43% de España y el 10% de sushi en el Reino Unido. Esto sugiere que el fraude del pescado está muy extendido en toda Europa, y es probable que exista una acción deliberada por parte de algunos propietarios de restaurantes, que se aprovechan plenamente de la laguna legal en los sistemas de trazabilidad para aumentar sustancialmente sus beneficios engañando a los consumidores.

Es de suma importancia que la Comisión Europea reconozca la magnitud del problema, y asuma la responsabilidad de garantizar que los restaurantes sirvan pescados y mariscos seguros, legales y honestamente etiquetados, para permitir a los consumidores tomar decisiones más informadas sobre los productos del mar.

Artículo original de de Lasse Gustavsson, Director Ejecutivo de Oceana en Europa, publicado el 19 de abril de 2016 en The Parliament Magazine.